Introducción: un ramo bajo presión estructural, no solo cíclica

El seguro de automóviles es, para buena parte de la industria aseguradora mexicana, el ramo que mejor refleja el pulso cotidiano de la siniestralidad del país. A diferencia de riesgos catastróficos de baja frecuencia como el sismo, el ramo de autos genera un volumen constante de eventos —choques, robos, daños a terceros— que permite observar tendencias con una claridad que pocos otros ramos ofrecen. Y lo que muestran los datos más recientes de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) es un panorama de crecimiento sostenido en frecuencia de siniestros viales, acompañado de una dinámica de robo que, si bien ha mostrado una desaceleración reciente, mantiene un patrón estructural muy claro: la violencia contra el conductor —y no el robo de la unidad estacionada— sigue siendo, año tras año, el modo predominante en que se pierden vehículos asegurados en México.

Este artículo analiza el comportamiento de la siniestralidad del seguro de auto durante el periodo 2024-2026, con foco específico en la pregunta que más frecuentemente se plantea el propio sector: ¿prevalece más el robo con violencia o el robo con la unidad estacionada? Y, en un segundo plano, qué está ocurriendo con el comportamiento agregado de los autos siniestrados.

El panorama general: la siniestralidad vial sigue creciendo

Antes de entrar al detalle del robo, vale la pena dimensionar el comportamiento general del ramo. De acuerdo con AMIS, durante 2024 se atendieron 3.6 millones de personas con daños o lesiones derivadas de siniestros viales, lo que representa un crecimiento de 53% respecto a 2020. Este crecimiento no es exclusivamente atribuible a un deterioro en las condiciones de manejo o seguridad vial: la propia AMIS ha señalado que buena parte de este incremento se explica por el crecimiento del parque vehicular, tanto en circulación como asegurado, lo que naturalmente eleva el número absoluto de eventos, incluso si la tasa de siniestralidad por unidad permaneciera constante.

Dentro de las coberturas activadas en siniestros viales —daños a terceros, daños propios y robo— el componente de daños a terceros y daños propios ha crecido de forma más pronunciada en términos relativos que el robo, que se ha mantenido comparativamente más estable en volumen absoluto durante el mismo periodo, aunque con oscilaciones anuales relevantes que se detallan más adelante.

El comportamiento del robo de vehículos asegurados: 2024, 2025 y 2026

AMIS mide el robo de vehículos en periodos móviles de doce meses (febrero-enero), lo que permite comparar de forma consistente el comportamiento año contra año. Los datos oficiales muestran la siguiente trayectoria reciente:

Periodo Vehículos robados Variación
Feb 2022 – Ene 2023 59,276 -0.4%
Feb 2023 – Ene 2024 59,839 +0.9%
Feb 2024 – Ene 2025 63,439 +6.0%
Feb 2025 – Ene 2026 53,652 -15.4%

El patrón que emerge es relevante para la planeación del sector: tras un repunte notable durante 2024 —que llevó el robo de vehículos asegurados a acercarse a niveles no vistos desde antes de la pandemia—, el periodo más reciente (febrero 2025 a enero 2026) mostró una contracción significativa de 15.4%, equivalente a casi 10,000 unidades menos robadas que en el periodo inmediato anterior. En términos de frecuencia diaria, esto se traduce en un promedio de 147 vehículos asegurados robados por día durante los últimos doce meses reportados, con un promedio de recuperación diaria de alrededor de 63 unidades.

Sin embargo, la propia directora general de AMIS, Norma Alicia Rosas, ha sido clara en advertir que la reducción en frecuencia no debe interpretarse como una disminución en el riesgo estructural del delito: la frecuencia es solo uno de los componentes de la siniestralidad, y el costo promedio por siniestro sigue siendo un factor determinante en la estabilidad técnica del ramo. En el periodo febrero 2025 – enero 2026, el sector asegurador pagó aproximadamente 17,000 millones de pesos por concepto de robo de vehículos, una cifra que se mantiene bajo presión debido a la inflación en costos de reparación y reposición de unidades.

La pregunta central: ¿robo con violencia o robo con unidad estacionada?

Con base en los datos oficiales de AMIS, la respuesta es consistente a lo largo de los últimos años: el robo con violencia prevalece de forma sostenida sobre el robo de vehículos estacionados, representando en todos los periodos recientes más de la mitad del total de robos reportados a nivel nacional.

La serie histórica del porcentaje de robo con violencia sobre el total nacional es la siguiente:

Periodo % robo con violencia
2020-2021 62%
2021-2022 60%
2022-2023 56%
2023-2024 58%
2024-2025 58%
2025-2026 55%

En términos absolutos, esto significa que durante el periodo febrero 2025 – enero 2026 se robaron con violencia aproximadamente 29,200 vehículos asegurados —cerca de 29 mil autos con violencia al año, como lo resume la propia AMIS—, frente a un volumen menor de robos ejecutados con la unidad estacionada o sin contacto directo con el conductor.

Es decir: aunque la brecha entre ambas modalidades se ha reducido en los últimos años —de una diferencia de 24 puntos porcentuales en 2020-2021 (62% violento frente a 38% no violento) a una diferencia de 10 puntos porcentuales en el periodo más reciente (55% frente a 45%)—, el robo con violencia continúa siendo, año tras año, el modo predominante de pérdida de vehículos asegurados en México, sin que en ningún periodo reciente el robo de unidades estacionadas haya llegado a superarlo.

Una precisión importante sobre lo que significa «robo con violencia»

Para el sector, es importante comunicar con precisión el matiz técnico detrás de esta clasificación, porque tiene implicaciones tanto en la percepción pública como en el análisis de riesgo. La propia AMIS ha aclarado que la categoría de «robo con violencia» no implica necesariamente que se haya amenazado al conductor con un arma: en un número relevante de casos, esta clasificación responde a que, debido a las nuevas tecnologías utilizadas para encender y sustraer las unidades (por ejemplo, ataques de relevo de señal sobre llaves de proximidad), el hurto se ejecuta con el chofer presente en o cerca del vehículo, lo cual técnicamente se clasifica como robo con violencia aunque no medie necesariamente una confrontación armada explícita. Esta distinción es relevante para evitar interpretaciones alarmistas que no reflejen con exactitud la naturaleza de cada evento, sin restar seriedad al hecho de que, en un porcentaje también significativo de casos, sí existe un componente de amenaza directa, asalto o incluso secuestro exprés.

Diferencias por tipo de vehículo: los pesados concentran la violencia

Uno de los hallazgos más consistentes en los reportes de AMIS es que la modalidad de robo varía de forma marcada según el tipo de unidad. Mientras que en automóviles particulares el robo con violencia y el robo de unidad estacionada mantienen una proporción relativamente más cercana, en el segmento de equipo pesado —tractocamiones, semirremolques, camiones de carga— la concentración de robo con violencia es sustancialmente mayor, dada su exposición operacional en rutas carreteras. Entre las submarcas con mayor porcentaje de robo con violencia en el periodo más reciente se encuentran la Toyota Hilux Pick Up (83.8%), semirremolques tipo caja seca (68.4%), unidades International (68.1%), Kenworth (67.5%) y Freightliner (66.6%), todas ellas muy por encima del promedio nacional de 55%.

En contraste, entre las unidades con mayor volumen absoluto de robo —independientemente de la modalidad— destacan el Nissan Versa, Kenworth, Nissan NP300, motocicletas Bajaj 111-250 y Nissan March, reflejando tanto su alta presencia en el parque vehicular como su atractivo para el mercado de autopartes y reventa.

Comportamiento geográfico: concentración y focos de alerta

El comportamiento territorial del robo de autos en México durante el periodo más reciente confirma un patrón de concentración: cinco entidades registraron disminuciones relevantes en el número absoluto de robos —Estado de México (-22.0%), Jalisco (-22.7%), Ciudad de México (-15.3%), Puebla (-24.7%) y Guanajuato (-9.5%)—, mientras que Sinaloa fue la única entidad entre las de mayor incidencia histórica que registró un incremento marcado, de 63.9%, al pasar de 2,495 a 4,090 unidades robadas en un año.

Sinaloa es, además, la entidad con el porcentaje de robo con violencia más alto del país: 83.79% de los robos reportados en esa entidad se clasifican como violentos, muy por encima del promedio nacional de 54.5%. Le siguen Guerrero (74.65%), Zacatecas (71.97%), Tlaxcala (69.91%) y Michoacán (69.49%). La propia AMIS ha señalado que estas cifras no necesariamente indican que dichas entidades concentren el mayor número absoluto de robos, sino que, del total de robos que ahí ocurren, una proporción particularmente alta se ejecuta con el conductor presente.

A nivel municipal, Culiacán destaca como el foco de mayor preocupación: registró un incremento de 56.5% en el número de vehículos robados durante el último periodo, con un porcentaje de robo con violencia de 86.7%, el más alto entre los cinco municipios con mayor incidencia del país.

Recuperación de unidades: una variable que también importa al negocio

El comportamiento de la recuperación de vehículos robados es otro indicador clave para dimensionar el impacto real de este riesgo sobre la cartera de autos. A nivel nacional, la tasa de recuperación se ha mantenido en un rango de 42% a 46% durante los últimos periodos reportados, con una ligera mejora en el periodo más reciente. Un dato operativo relevante: el 60% de los vehículos que se logran localizar son reportados dentro de las primeras cuatro a seis horas posteriores al robo, lo que subraya la importancia crítica de la velocidad de reacción del asegurado y de los sistemas de geolocalización en la efectividad de la recuperación.

Un patrón adicional documentado por AMIS es que uno de cada tres vehículos robados se recupera fuera de la entidad federativa donde ocurrió el robo, lo que evidencia la existencia de rutas de traslado interestatales para la comercialización ilegal de unidades y autopartes, y refuerza la relevancia de la colaboración interestatal —y no solo local— entre aseguradoras y autoridades de seguridad.

Implicaciones para el sector

La severidad, no solo la frecuencia, debe seguir siendo el foco técnico. La disminución de 15.4% en el número de robos durante el periodo más reciente es una buena noticia en términos de frecuencia, pero el pago acumulado de aproximadamente 17,000 millones de pesos por robo de vehículos en el mismo periodo confirma que la presión sobre la siniestralidad técnica del ramo no se explica solo por el número de eventos, sino también por el costo creciente de reparación, reposición y valores asegurados. El crecimiento cercano al 11% en primas del ramo de autos —observado durante el cierre más reciente— refleja precisamente ese ajuste técnico frente a la severidad, más allá del volumen de siniestros.

La segmentación geográfica y por tipo de vehículo debe informar directamente el pricing y la suscripción. La alta concentración de robo con violencia en unidades pesadas y en ciertas entidades específicas —particularmente Sinaloa y sus municipios asociados— ofrece a las aseguradoras información granular para ajustar tarifas, condiciones de suscripción y estrategias de prevención de forma diferenciada, en lugar de aplicar criterios homogéneos a nivel nacional.

La tecnología antirrobo debe evolucionar al ritmo de las nuevas modalidades delictivas. El hecho de que una proporción relevante del robo «con violencia» se explique por ataques tecnológicos sobre sistemas de encendido por proximidad —y no exclusivamente por confrontación armada— es una señal de que la inversión en sistemas de rastreo, inmovilizadores y tecnología de detección de relevo de señal debe formar parte activa de las recomendaciones de prevención que el sector comunica a sus asegurados, más allá de las medidas tradicionales orientadas solo a evitar el robo en estacionamiento.

La velocidad de reporte sigue siendo un factor crítico de recuperación. Dado que el 60% de las recuperaciones ocurre dentro de las primeras cuatro a seis horas tras el robo, comunicar de forma clara y accesible el protocolo de aviso inmediato —línea de emergencia, geolocalización, bloqueo remoto cuando esté disponible— es una de las intervenciones de menor costo y mayor impacto que el sector puede reforzar en su relación con el asegurado.

La colaboración interestatal entre aseguradoras y autoridades debe profundizarse. El patrón de que uno de cada tres vehículos se recupera fuera de la entidad de origen confirma que el delito opera con lógica de red, no de incidente aislado, lo que hace indispensable que el intercambio de información georreferenciada entre AMIS, aseguradoras y autoridades de distintos niveles de gobierno continúe fortaleciéndose como estrategia central de contención.

Conclusión: un riesgo que se desacelera, pero que no cambia de naturaleza

El comportamiento de la siniestralidad del seguro de auto en México durante 2024, 2025 y lo que va de 2026 refleja un ramo en tensión entre dos fuerzas: por un lado, una desaceleración reciente y bienvenida en la frecuencia del robo de vehículos asegurados; por otro, una presión de severidad que se mantiene elevada y un patrón delictivo que, en su composición, no ha cambiado de naturaleza en los últimos seis años. El robo con violencia sigue siendo, de forma consistente, la modalidad predominante frente al robo de unidades estacionadas, aunque la brecha entre ambas se ha ido estrechando.

Para el sector asegurador, esto significa que la estrategia frente a este riesgo no puede depender únicamente de esperar que las cifras de frecuencia sigan bajando. Requiere una lectura combinada de frecuencia, severidad, geografía y tipo de vehículo —apoyada en la información que la propia AMIS pone a disposición de sus asociados— para calibrar de forma dinámica tanto el pricing técnico del ramo como las estrategias de prevención y comunicación que se ofrecen al asegurado, en un entorno donde el riesgo de robo, lejos de desaparecer, sigue reconfigurándose.

Artículo elaborado con apoyo de inteligencia artificial (Claude, de Anthropic) y revisado por la Dirección de Cultura del Contrato de Seguro.