El fenómeno del fraude —tanto en el sector asegurador como en el ámbito corporativo y financiero en general— no surge de manera espontánea. Es el resultado de una compleja interacción de factores individuales, económicos, sociales y organizacionales.
Para estudiar las causas que lo originan, la criminología y la auditoría forense moderna se basan en modelos científicos que explican el comportamiento del defraudador. A continuación, se investigan y desarrollan las causas principales que detonan este ilícito.
- Causas Estructurales: El Triángulo del Fraude
El modelo más aceptado a nivel mundial para explicar el origen del fraude fue desarrollado por el criminólogo estadounidense Donald Cressey. Este modelo señala que el fraude ocurre cuando se alinean tres causas o elementos en un mismo momento:
- La Presión o Motivación (La Necesidad)
Es la causa interna o externa que empuja al sujeto a considerar el fraude como una salida. Las presiones más comunes son:
- Problemas financieros personales: Deudas acumuladas por juego, adicciones, malas inversiones, pérdida de empleo o crisis familiares (como la necesidad de pagar tratamientos médicos costosos de emergencia).
- Presión por objetivos corporativos: En el ámbito empresarial, directivos o empleados se ven presionados a «maquillar» estados financieros o inflar métricas para mantener sus puestos, recibir bonos o evitar que las acciones de la empresa caigan.
- Mantener un estatus social: La ambición de aparentar un estilo de vida superior a los ingresos reales del individuo (codicia).
- La Oportunidad Percibida (La Vulnerabilidad del Sistema)
Es la causa operativa. El defraudador detecta una falla en los sistemas de control que le permite cometer el ilícito con la confianza de que no será descubierto.
- Controles internos débiles o inexistentes: Falta de supervisión, ausencia de segregación de funciones (cuando una sola persona administra, autoriza y audita el dinero) o procesos de reclamación digital automatizados sin filtros humanos de verificación.
- Falta de sanciones ejemplares: La percepción de que, si el sistema descubre el engaño, la consecuencia será mínima (por ejemplo, que la aseguradora solo rechace el trámite o la empresa solo despida al empleado sin llegar a una denuncia penal).
- La Racionalización (La Justificación Moral)
Es la causa psicológica. La mayoría de los defraudadores no se consideran criminales. Para poder actuar sin sentir culpa, construyen una narrativa mental que justifica su delito:
- «La empresa o la aseguradora gana millones, quitarles esto no les afecta.»
- «He trabajado aquí por años / he pagado primas muy caras y no me valoran; esto es solo una compensación justa.»
- «Es solo un préstamo temporal, luego lo devolveré.»
- Causas Socioculturales y Ambientales
El entorno en el que se desenvuelve una persona influye drásticamente en su propensión a cometer fraudes:
- La Despersonalización del Delito (Delito sin Víctima): Es psicológicamente más fácil robarle a una corporación abstracta (un banco, un gobierno o una aseguradora) que a un individuo con rostro y nombre. Al no ver una víctima humana directa, la barrera moral del defraudador disminuye.
- Normalización Cultural («Efecto Contagio»): En sociedades o sectores corporativos donde la corrupción o el «sentido de oportunidad» están arraigados, el fraude se tolera socialmente. Escuchar frases como «el que no transa no avanza» o ver que conocidos obtienen dinero del seguro mediante engaños reduce la percepción de gravedad del acto.
- Crisis Económicas Globales: Durante periodos de recesión, alta inflación o desempleo, las estadísticas de fraude aumentan significativamente. Las empresas al borde de la quiebra recurren al fraude de incendios o alteración de inventarios, mientras que los ciudadanos comunes recurren al fraude de oportunidad para solventar sus ingresos.
- Causas Tecnológicas (La Facilidad Operativa)
La era digital ha abierto nuevas puertas que facilitan el origen de conductas fraudulentas:
- Anonimato y Distancia Digital: Las plataformas de contratación y reclamación en línea eliminan el contacto frente a frente con un agente o auditor. Esto reduce la ansiedad del defraudador y le da una falsa sensación de protección detrás de una pantalla.
- Herramientas de Manipulación Avanzada: La democratización de softwares de edición fotográfica, edición de documentos PDF y herramientas de Inteligencia Artificial (como las falsificaciones profundas o Deepfakes) permiten crear facturas, identidades y evidencias de siniestros sumamente realistas a muy bajo costo.
- Evolución del Modelo: El Diamante del Fraude
Años después del modelo de Cressey, los investigadores Wolfe y Hermanson agregaron un cuarto elemento fundamental, transformando el triángulo en el Diamante del Fraude: la Capacidad.
- La Capacidad Personal: El fraude no solo requiere motivo, oportunidad y excusa; el individuo debe tener las habilidades, conocimientos técnicos y la posición de autoridad necesaria para ejecutar el engaño con éxito y mantener el control de la situación bajo presión. Un empleado de bajo rango difícilmente podrá estructurar un fraude financiero complejo si no entiende la arquitectura del sistema informático o contable de la organización.
FUENTE:
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