Es una de las grandes paradojas del sector asegurador en México: a pesar de que desde 2019 es obligatorio por ley federal contar con un seguro de Responsabilidad Civil (RC) para transitar en vías, puentes y carreteras federales (además de las legislaciones locales en más de la mitad de los estados), cerca del 70% del parque vehicular en el país sigue sin estar asegurado.
Este fenómeno no se debe a una sola causa, sino a una compleja combinación de factores económicos, culturales, punitivos y de percepción sistémica. A continuación, desglosamos las razones principales por las cuales los mexicanos siguen sin asegurar sus autos:
- La Brecha Económica y la Priorización del Gasto
Para un amplio sector de la población, el seguro no se percibe como una inversión de protección, sino como un gasto gravoso e inmediato.
- Poder adquisitivo limitado: En un país con un alto porcentaje de empleo informal y salarios mínimos que apenas cubren la canasta básica, destinar una prima anual (que puede oscilar entre los $3,000 y $12,000 pesos o más, dependiendo del auto y cobertura) resulta inviable para muchas familias.
- Costo de oportunidad: El desembolso por una póliza compite directamente con necesidades primarias como alimentación, salud, educación o el mantenimiento mecánico básico del propio vehículo.
- Falta de Aplicación de la Ley (Impunidad y Corrupción)
Una ley sin consecuencias coercitivas reales se convierte en letra muerta. Este es quizás el factor estructural más importante.
- Nula vigilancia institucional: Las autoridades de tránsito (tanto federales como locales) no exigen de manera proactiva la póliza vigente al detener un vehículo, a menos que ya haya ocurrido un siniestro o una infracción grave.
- Ausencia de vinculación registral: A diferencia de otros países, en la mayor parte de México no es un requisito obligatorio presentar una póliza de seguro vigente para emplacar, verificar o renovar la tarjeta de circulación del automóvil.
- Corrupción en las vías de tránsito: En muchas ocasiones, ante la falta del seguro y frente a una eventual multa, los conductores recurren al cohecho (la famosa «mordida»), cuyo costo suele ser significativamente menor que el pago de la multa oficial o de la anualidad de una póliza.
- Factores Culturales: Desconfianza e Idiosincrasia
La relación de la sociedad mexicana con las instituciones financieras y el concepto del riesgo juega un papel crucial.
- Desconfianza arraigada en las aseguradoras: Existe la percepción generalizada de que las compañías de seguros «buscan cualquier pretexto para no pagar» o que las exclusiones de las pólizas (las letras chiquitas) están diseñadas para desproteger al asegurado. Las experiencias negativas difundidas de boca en boca refuerzan este sesgo.
- «Cultura del optimismo» o sesgo de invulnerabilidad: El pensamiento mágico o frases como «a mí no me va a pasar» o «yo manejo con mucho cuidado» sustituyen a la gestión real del riesgo. Se ve el accidente como una posibilidad remota y no como una certeza estadística.
- Falta de educación financiera: No se entiende a fondo el concepto de Responsabilidad Civil. Muchos automovilistas creen que el seguro solo sirve para cubrir los daños de su propio auto, por lo que si su vehículo es viejo o de bajo valor, concluyen que «no vale la pena asegurarlo», ignorando que el verdadero riesgo económico está en los daños o lesiones que puedan causar a terceros.
- Complejidad en los Procesos de Reclamación y Ajuste
El momento del siniestro suele ser percibido como un proceso burocrático, tardado y estresante.
- La figura del ajustador y los tiempos de espera: La experiencia de esperar horas a que llegue un ajustador, sumado a las discusiones en la vía pública, desincentiva la formalidad.
- El deducible como barrera secundaria: Incluso cuando las personas llegan a contratar coberturas amplias, descubrir que tienen que pagar un deducible alto para reparar su propio golpe genera una sensación de frustración y de haber «gastado en vano».
- El Factor de la Antigüedad del Parque Vehicular
El promedio de edad de los vehículos que circulan en México es elevado (supera los 15-18 años en muchas regiones).
- Restricciones de las aseguradoras: Muchas compañías tradicionales ponen trabas o elevan drásticamente los costos para asegurar modelos muy antiguos bajo coberturas que no sean la RC básica, y para el usuario, pagar una póliza que cuesta una fracción significativa del valor comercial total de su auto viejo no le parece financieramente lógico.
El impacto social del problema
Cuando ocurre un accidente donde el responsable no tiene seguro, el problema se traslada al ámbito judicial o de salud pública. Las víctimas directas quedan desamparadas ante la insolvencia económica del causante, lo que suele derivar en juicios civiles o penales largos, costosos y desgastantes que terminan por saturar los tribunales y afectar gravemente el patrimonio de ambas familias.
Para revertir esta situación, los expertos del sector coinciden en que no basta con emitir leyes; es indispensable ligar la obligatoriedad del seguro a los trámites vehiculares cotidianos (como la verificación o el refrendo) y robustecer de manera transparente la fiscalización en las calles.
FUENTE: https://gemini.google.com/app/3e7f82b7184bc37f?utm_source=app_launcher&utm_medium=owned&utm_campaign=base_all